
Imagen de Jan Steiner en Pixabay
Después de que se vive en la pareja una falta grave como la infidelidad, el sufrimiento que se experimenta hace que se sienta que están en el "mismísimo infierno".
Es ese lugar donde el que cometió la falta se siente culpable y merecedor de todos los castigos esperados por haber fallado, traicionado, herido a su pareja.
Pero no sólo llega ahí el que cometió la falta, también lo acompaña el agraviado con el dolor que experimenta al descubrir que la persona que dice amarlo le ha sido infiel; la traición a los acuerdos, el menoscabo de su propia seguridad.
Además el agraviado es el encargado de que el otro pague por la falta cometida,
¿como?
De muchas formas: Haciéndolo sentir que El (o Ella) es el que falló, el débil, el que no tuvo templanza, el que no le importó su pareja ni su familia.
A partir de ahora, el agraviado se ubica en un escalón arriba del otro.
Ahora el "culpable" es el responsable de sacar adelante a la familia, emocionalmente hablando.
Algunos "agraviados" incluso llegan a alianzas con los hijos en contra del "culpable" , Estas alianzas pueden ser explícitas (diciéndoles a los hijos lo que el otro hizo)
o veladas (excluyendo al "culpable" de actividades o momentos entre Él (o Ella) y los hijos)
Y otro post hace falta para describir el enorme daño que trae consigo esto a los hijos.
Pero, como mencionaba al principio, al infierno llegan los dos.
Porque cuando el agraviado acepta darle una oportunidad al otro y seguir con la relación, es complicado seguir un proceso para que eso se sane de la mejor manera, muchos apelan al tiempo, a esfuerzos conscientes de mejorar su relación, a dejarlo pasar... Pero el resentimiento queda ahí y ese es el que lleva al infierno también a la persona agraviada. Hay parejas que se comportan como verdaderos carceleros de la felicidad del otro. Con el argumento de que no quieren que el otro vuelva a fallar, piden cosas fuera de sentido, que en el momento son comprensibles por cómo se siente, pero que a la larga son imposibles de sostener.
Por ejemplo: Revisarle el teléfono, que se reporte de cada movimiento que hace día a día, que se aísle de toda posibilidad de interactuar con más gente con la que pudiera ser Infiel, etc.
Y si bien hay algunas de estas cosas que ayudan a que el agraviado vaya recuperando la confianza, repito, estas situaciones son imposibles de mantener en el tiempo, no son las ideales. Algunas son incluso humillantes para los dos. Es un infierno, dicen.
Son tantos factores que hay que considerar en el trabajo de reparación que se hace después de una infidelidad, solo un especialista desde una postura imparcial tiene la preparación para hacer las preguntas pertinentes y trazar la estrategia.
Cabe decir que hay parejas que son capaces de hacer este trabajo muy bien y logran atravesar esta etapa y salir del infierno.
No todo es terapia.
También son fortalezas y herramientas de cada persona, trabajo personal y voluntad de los dos para salir adelante.
Si te sientes en el infierno por esta situación y los intentos de solución que han hecho no los han sacado de ahí, ven y trabajamos. Salir de ahí es posible.
Sandra Elizalde
5561102998
Comments